
Resistencia a la insulina, prediabetes y alteraciones del azúcar: señales que conviene escuchar
Resistencia a la insulina, prediabetes y alteraciones del azúcar: señales que conviene escuchar

Dra. Andrea Ruíz
Equipo Humanolab
¿Te han dicho alguna vez que tienes el azúcar “un poco alta”? ¿Te mencionaron la resistencia a la insulina o la prediabetes y no sabes exactamente qué significa?
Es más común de lo que parece. Y hay algo importante que conviene saber desde el principio: tener resistencia a la insulina o prediabetes no significa que inevitablemente vayas a desarrollar diabetes tipo 2.
Al contrario, puede ser una oportunidad para prestar atención a tu salud y empezar a hacer cambios antes de que el problema avance.
Empecemos por lo básico: ¿qué es la insulina?
La insulina es una hormona que produce el páncreas. Su función, explicándolo de manera sencilla, es ayudar a que la glucosa (el azúcar) que circula por la sangre pueda entrar en las células y utilizarse como energía.
Cuando comemos, la glucosa en sangre aumenta y el cuerpo libera insulina para ayudar a mantener esos niveles bajo control.
El problema aparece cuando las células no comienzan a responder a la insulina. A esto se le llama resistencia a la insulina. En respuesta, el organismo puede producir más insulina para intentar mantener la glucosa en niveles normales. Con el tiempo, este mecanismo puede dejar de ser suficiente y la glucosa comenzar a elevarse.
¿Y qué significa tener prediabetes?
La prediabetes significa que los niveles de glucosa en sangre están por encima de lo normal, pero todavía no alcanzan los valores utilizados para diagnosticar diabetes. No es algo que debamos ignorar, pero tampoco es una sentencia.
Es una señal de que el organismo está teniendo dificultades para mantener la glucosa bajo control y de que merece la pena actuar.
La buena noticia es que los cambios en la alimentación, la actividad física, el peso cuando sea necesario, el sueño y otros hábitos pueden ayudar a mejorar la sensibilidad a la insulina y a prevenir o retrasar la aparición de diabetes tipo 2.
Lo más importante: muchas veces no hay síntomas
Aquí está una de las principales razones por las que la resistencia a la insulina y la prediabetes pueden pasar desapercibidas.
La mayoría de las personas con resistencia a la insulina o prediabetes no tienen síntomas claros.
Por eso, sentirse bien no siempre significa que los niveles de glucosa estén bien. Algunas personas pueden presentar señales como:
- Oscurecimiento de la piel, especialmente en el cuello, las axilas o algunos pliegues, conocido como acantosis nigricans.
- Aparición frecuente de pequeños crecimientos de piel, llamados papilomas cutáneos.
- Cansancio u otras molestias que pueden tener muchas causas y que, por sí solas, no permiten saber si existe resistencia a la insulina.
Es importante no intentar hacer un diagnóstico basándose únicamente en estos signos. La manera adecuada de saber si existe prediabetes es mediante una evaluación médica y análisis de sangre.
¿Cuándo deberíamos prestar más atención?
Existen determinados factores que pueden aumentar la posibilidad de desarrollar resistencia a la insulina, prediabetes o diabetes tipo 2.
Entre ellos se encuentran:
- Tener sobrepeso u obesidad
El exceso de grasa corporal, especialmente alrededor del abdomen, está relacionado con un mayor riesgo de resistencia a la insulina.
Pero hay algo importante: el peso por sí solo no cuenta toda la historia. Una persona puede tener un peso que parece saludable y aun así presentar factores de riesgo. Por eso, no se trata de obsesionarnos con la báscula, sino de mirar nuestra salud de manera integral.
2. Llevar una vida demasiado sedentaria
Pasar muchas horas sentado y realizar poca actividad física puede favorecer la resistencia a la insulina.
No hace falta convertirse de un día para otro en un atleta. Caminar más, levantarse con frecuencia, subir escaleras o incorporar alguna actividad que disfrutemos ya puede ser un comienzo.
La actividad física regular ayuda al organismo a utilizar mejor la glucosa.
3. Tener antecedentes familiares
Si alguno de tus padres o hermanos tiene diabetes tipo 2, tu riesgo puede ser mayor. Esto es importante porque existen factores que no podemos cambiar, como la genética o los antecedentes familiares.
Pero que exista un antecedente familiar no significa que el futuro esté escrito. Hay otros factores sobre los que sí podemos actuar.
4. Tener presión arterial o colesterol alterados
La glucosa no debe analizarse de manera aislada.
La presión arterial elevada, determinados cambios en el colesterol y los triglicéridos y una mayor cantidad de grasa abdominal pueden formar parte de un conjunto de factores relacionados con un mayor riesgo metabólico.
5. Haber tenido diabetes durante el embarazo
Las mujeres que han tenido diabetes gestacional presentan un mayor riesgo de desarrollar posteriormente prediabetes o diabetes tipo 2.
Por eso, los controles posteriores al embarazo son especialmente importantes.
6. Tener síndrome de ovario poliquístico
El síndrome de ovario poliquístico (SOP) también está relacionado con un mayor riesgo de resistencia a la insulina y alteraciones de la glucosa.
7. Tener más edad
El riesgo de desarrollar prediabetes y diabetes tipo 2 aumenta con la edad, aunque estas alteraciones también pueden aparecer en personas jóvenes.
Entonces, ¿cómo sé si tengo prediabetes?
Aquí está la clave: no podemos saberlo solamente por cómo nos sentimos.
Debes realizarte un análisis de sangre para comprobar los niveles de glucosa.
Entre las pruebas utilizadas se encuentran la hemoglobina glicosilada, la glucosa en ayunas y, en determinados casos, la prueba oral de tolerancia a la glucosa, así como insulina en ayunas y en determinados casos con carga de glucosa.
¿Y si ya tengo resistencia a la insulina o prediabetes?
Aquí es donde podemos cambiar la perspectiva.
En lugar de pensar: “Ya tengo un problema y no puedo hacer nada”, podemos pensar:
“Mi cuerpo me está dando una señal y todavía estoy a tiempo de actuar.”
Pequeños cambios sostenidos pueden marcar una diferencia.
Empieza por moverte un poco más
No necesitas comenzar con una rutina complicada.
Puedes empezar caminando, reduciendo el tiempo que pasas sentado o buscando una actividad física que realmente disfrutes.
La constancia suele ser mucho más importante que intentar hacer grandes cambios durante unos pocos días.
Revisa lo que comes, sin caer en dietas extremas
Una alimentación saludable no significa dejar de comer o eliminar todos los carbohidratos. Significa aprender a elegir con mayor frecuencia alimentos nutritivos y reducir el consumo habitual de productos con exceso de azúcares añadidos y calorías. También puede ser útil prestar atención al tamaño de las porciones y a la calidad general de la alimentación.
Cuida tu descanso
Dormir bien también forma parte de cuidar la salud metabólica. Un estilo de vida saludable no consiste únicamente en comida y ejercicio: el descanso y otros hábitos también cuentan.
Si necesitas perder peso, piensa en pequeños objetivos. Cuando existe sobrepeso, una pérdida moderada de peso puede aportar beneficios para la salud.
No se trata de buscar un cuerpo perfecto ni de alcanzar un determinado número en la báscula rápidamente. Se trata de encontrar cambios que puedas mantener en el tiempo. En personas con alto riesgo, estudios de prevención han demostrado beneficios con pérdidas de peso moderadas acompañadas de mayor actividad física.
No esperes a tener síntomas para hacerte un control
Este quizá sea el mensaje más importante.
Tu salud no cambia de un día para otro, pero tus hábitos tampoco tienen que hacerlo
Cuidar la glucosa no significa vivir con miedo a la comida ni estar pendiente de cada número.
- Significa empezar a prestar atención.
- Quizás el primer cambio sea caminar 20 minutos.
- Quizás sea beber agua en lugar de una bebida azucarada.
- Quizás sea incorporar más verduras a tus comidas, dormir un poco mejor o pedir una revisión médica que llevas tiempo posponiendo.
No tienes que cambiarlo todo hoy. Empieza por una cosa. Hazla sostenible. Después añade otra.
La resistencia a la insulina y la prediabetes son señales que merece la pena tomar en serio, pero también pueden ser una oportunidad para actuar. Y cuanto antes conozcamos nuestros factores de riesgo y nuestro estado de salud, más posibilidades tendremos de tomar decisiones que nos ayuden a cuidar nuestro futuro.
Escuchar las señales de tu cuerpo es el primer paso. Actuar sobre ellas puede ser el siguiente.
